Poyet explica el gen de Uruguay: «No entendemos el fútbol si no es ganando”

El campeón de América con Uruguay reflexiona sobre el ADN de la Celeste, la exigencia de Bielsa y el peso de figuras como Valverde y Darwin antes del gran reto de la Copa Mundial 2026.

Gustavo Poyet (Montevideo, Uruguay, 1967) conoce bien el peso de la camiseta celeste. Internacional con Uruguay y campeón de la CONMEBOL Copa América 1995, el excentrocampista repasa en esta entrevista su carrera con la selección, el valor emocional de representar a un país tan competitivo y la evolución de una Celeste que vuelve a mirar al Mundial con ambición. También analiza el trabajo de Marcelo Bielsa, el papel de líderes como Fede Valverde, el momento de Darwin Núñez y el desafío que supondrá enfrentarse a España en la Copa Mundial de la FIFA 2026.

No disputó ningún Mundial, pero sí fue muy importante en la Copa América de 1995, ¿qué supuso formar parte de aquella Copa América y cómo la recuerda?

Lo recuerdo como llegar en el momento justo, convencido por un técnico, Héctor Núñez. Yo ya tenía una cierta edad y prácticamente no había jugado en la selección mayor. Fue como consagrarme un poco en Uruguay. Yo era medio desconocido allí porque había jugado poco, solo un año en Primera División, y no había formado parte de la selección mayor más allá de estar en un plantel tres o cuatro partidos, pero sin jugar. Entonces no eres parte de esa cultura uruguaya. Héctor Núñez me convenció de ir a jugar en una posición mucho más defensiva de la que yo jugaba en Zaragoza. Yo tenía mis dudas, para serte sincero, pero él tenía un poder de convencimiento espectacular. Fue maravilloso.

¿Qué cambia cuando se juega con la selección?

Cuando ganas con tu club se alegran tu familia, tus amigos cercanos y los aficionados del club. Pero cuando ganas con tu selección, es tu barrio, el vecino, tu colegio, mi escuela. Yo hice primaria y secundaria siempre en el mismo colegio. Es todo el mundo. Hay mucha más gente que se alegra y a la que afectas. Entonces pasas a otro nivel.

Usted no jugó mucho en Uruguay antes de salir, pero vestir la camiseta de una selección siempre tiene algo emotivo. ¿Qué diferencia tiene ponerse la camiseta de Uruguay?

Increíblemente es una de las cosas mejores y peores al mismo tiempo: la obligación de ganar. Uruguay, a pesar de ser un país de tres millones y medio de habitantes, ganó los Mundiales de 1930 y 1950 y muchas Copas América. Entonces, a cada torneo que vas, la gente te exige ganarlo. En el papel no es real que Uruguay tenga que ser candidato a ganar todo, pero esa es la mentalidad que tiene el uruguayo.

¿Cómo se vivió aquella final de 1995 contra Brasil?

Cuando fuimos del campo de entrenamiento al estadio para la final, estaba todo el mundo en la calle. Durante media hora de autobús, todo lleno. Cuando íbamos a entrar al estadio, el portero titular, Fernando Álvez, dijo: “Hay que ganar, ¿eh? Porque si no, la vuelta va a estar difícil”. Así somos. No había otro resultado. Claro que podíamos perder, pero estábamos jugando contra Brasil, campeón del mundo el año anterior, en 1994, y había que ganar. En el entretiempo íbamos 1-0 abajo. Hay una cantidad de cosas que influyen en el uruguayo que sólo puedes entender si estás ahí o si lo vives. Eso hace que la Celeste sea demasiado, incluso a veces demasiado. A veces nos pasamos para el otro lado.

Ese gen competitivo tan característico de Uruguay se ha ido transformando. ¿Qué diferencia ve entre la selección de los años 90 y la selección actual?

Lo que dices es totalmente cierto. El tema del juego es importante. Cuando ganas, todo el mundo se enamora. Pero lamentablemente, cuando pierdes, la gente quiere lo de antes. La gente de la calle no se olvida de cómo ganamos antes. Lo llevan adentro. Tiene que coincidir mucho la táctica y la técnica del equipo para que convenzas a todos. De la otra manera, los convences seguro.

¿Usted sentía que su fútbol encajaba con aquella selección uruguaya?

Yo hice una crítica toda mi vida y no me da vergüenza decirlo. Con mis características, el equipo de fútbol que menos se adaptaba a mí era la selección uruguaya. En Zaragoza el equipo jugaba de una manera y yo sacaba ventaja de eso para llegar al área y hacer goles. Lo hice en el Chelsea y en el Tottenham. En cambio, la selección jugaba de otra manera. Mi juego no iba tanto con lo que hacía la selección uruguaya, que era otro estilo. Pero como tuve la suerte de ganar, no me importa nada.

¿Qué espera Gustavo Poyet ver de Uruguay en este Mundial? Más allá de los resultados, ¿qué cree que vamos a ver de esta selección?

No sé muy bien qué vamos a ver porque se habla ahora de que Uruguay puede cambiar el sistema para jugar el primer partido. Yo espero que respeten lo básico del entrenador, pero que después jueguen ellos. Tú vas a la cancha, tienes una posición y unas responsabilidades, pero después juegas tú. Cada partido es diferente, cada pelota es diferente, cada rival y cada acción son diferentes. Hay miles de cosas que cambian constantemente y los que deciden son los jugadores en la cancha.

Hablando de Bielsa, ¿qué le puede dar a esta selección en una competición que conoce bien?

Creo que le da intensidad. Bielsa está buscando intensidad con todo tipo de cambios. Quiere que su equipo sea intenso. Hubo momentos en que el mano a mano era fundamental. Después se transformó en intensidad en la presión, en la recuperación y en atacar muy rápido, con mucha verticalidad. No hablo de balones largos, sino de verticalidad.

Head coach of the Uruguayan national football team, Argentine Marcelo Bielsa, speaks during a press conference at the Centenario Stadium in Montevideo, on September 2, 2023. (Photo by Pablo PORCIUNCULA / AFP) (Photo by PABLO PORCIUNCULA/AFP via Getty Images)

Como jugador, ¿le habría gustado jugar para Bielsa?

No lo sé. Siempre digo que no sé si hubiera podido jugar para Bielsa. A nosotros nos pasó con algún jugador dirigiendo, sobre todo en Brighton. Un jugador nos dijo un día: “Míster, qué lindo es estar de este lado”. Porque él siempre había estado del otro lado, del lado que sufría, que corría. En Brighton nosotros jugábamos muy bien al fútbol y controlábamos mucho. Por eso digo que no sé si me gustaría o no me gustaría. No se puede comprobar.

Usted también ha dirigido una selección, Grecia. ¿Qué tan difícil es, con el poco tiempo que da una selección, transmitir todo lo que quiere que haga su equipo?

Es difícil, pero la ventaja que tienes es elegir a los jugadores. Creo que Bielsa ha hecho cosas muy buenas. Una de las mejores versiones de Uruguay también fue cuando jugaba Mathías Olivera, lateral del Nápoles, como central por izquierda, con Viña o Piquerez. Eso no lo hizo nunca nadie en Uruguay. Él quiere salida con un central izquierdo zurdo y, si puede, lo hace así. Eso le permite elegir futbolistas para su idea. Si te dan cuatro centrales y los cuatro son diestros, es raro que pongas a un lateral izquierdo. En ese aspecto, bien.

¿Qué ha faltado para mantener la mejor versión de Uruguay con Bielsa?

Uruguay llegó muy rápido a su mejor versión con Bielsa. Creo que fue a los cuatro meses. Después fue difícil mantener eso, no solo porque el rival ya te conoce, sino porque jugadores como De la Cruz se cayeron, se lesionaron o no jugaron tanto tras irse a Brasil. Ahí empezaron un poco los problemas. En Uruguay somos jugadores de mucho carácter. Eso es para bien y para mal. Si uno se controla, es para bien.

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Fede Valverde es el líder indiscutible de esta selección, por lo menos a nivel futbolístico. ¿Qué le transmite como jugador y qué necesita Uruguay de él para hacer algo grande?

Yo jugué en la selección con grandes jugadores, futbolistas muy buenos de la historia de Uruguay. Pero para que estuvieran a su mejor nivel en el Real Madrid, no. Eso es algo único que tiene que aprovechar Uruguay. Yo espero que Valverde se libere. No creo que sea un jugador que tenga que aprender mucho. Que vaya y venga. Pienso en aquellos cuatro o cinco partidos con Alexander-Arnold por derecha, hizo goles, llegó, entró al área y pateó al arco. Que se libere y juegue. Incluso diría que no sienta que tiene que cargar con todo. Que se libere y juegue, nada más.

Uruguay viene de tener seguramente la mejor pareja de delanteros de su historia y ahora vive una nueva etapa. ¿Qué delantero confía usted que puede dar un paso adelante en este Mundial?

Por ganas y por lo que va a significar para él, creo que puede ser Darwin Núñez. Él tomó una decisión súper complicada. La gente piensa que uno la toma en cinco minutos, pero dejar Liverpool y la Premier League para ir a Arabia Saudí no es fácil. Estaba jugando, metiendo goles y formando parte de su equipo, pero llega Benzema y se tiene que quedar afuera por los ocho extranjeros. Eso le corta un poco. Es como que cuando estás arriba te meten un palo y te tiran para abajo. Me imagino que debe haber estado esperando este momento. No hay cosa más linda para un jugador que tener algo ahí adentro y decir: “Ahora vamos a ver”. Incluso, entre comillas y bromeando, hasta Benzema. Creo que puede salir a un nivel alto. Después, si aguanta los 90 minutos y los tres partidos iniciales, no lo sé. Es difícil porque no tiene mucho fútbol, pero creo que va a salir a morir.

¿Por qué Uruguay compite siempre? ¿Qué tiene Uruguay de diferente y de dónde viene ese gen competitivo?

Lo explico de una manera que a veces me trae problemas con los psicólogos y con mucha gente de hoy en día. Yo los entiendo, los respeto y a veces trato de aplicar algunas cosas, como no obligar a un niño de seis años solamente a ganar. Pero así nacemos nosotros. En Uruguay hay una cosa que se llama baby fútbol, que se juega de los cinco o seis años hasta los doce, antes de ir a una academia o a un club. Cuando tienes seis o siete años y vas a jugar, lo primero que te dice tu padre es: “Hay que ganar, ¿eh?”. Nadie te dice: diviértete, pásatelo bien, haz amigos o qué lindo día para jugar al fútbol. Nada. Todo el mundo te dice: “Hay que ganar”.

¿Eso explica la mentalidad competitiva uruguaya?

Sí. Eso que hoy mucha gente ve como algo malo para un niño, porque supuestamente no le permite desarrollarse, a mí el fútbol uruguayo me demuestra lo contrario. Gracias a eso nosotros no entendemos el fútbol si no es ganando. No lo entendemos. Podemos hablar dos mil años, pero no me vas a convencer. Ese es el problema.

España será rival de Uruguay en la fase de grupos. Es un país que usted conoce perfectamente. ¿Qué le transmite esta selección española? ¿La ve favorita?

Veo favoritas a tres o cuatro selecciones por calidad de plantilla. Veo a Francia, porque Francia puede salir con un equipo titular y, cuando ves los dos primeros cambios, cualquiera que entienda un poco de fútbol dice: “Uy, ¿no estaba jugando él?”. Después vas a Argentina y te puede pasar lo mismo. Creo que España tiene eso hoy en día. Tiene jugadores con cierto nivel de consistencia jugando ese estilo de fútbol. Eso hace que los que están en el banco, cuando entran, parezca una grosería decirlo, pero pueden ser mejores que los que están jugando. No son mejores, pero como lo entienden tanto, saben lo que tienen que mejorar o cambiar para que España siga siendo igual o mejor. Ese entendimiento de fútbol de 26 futbolistas los hace candidatos al Mundial.

¿Se atreve a dar un resultado para el España-Uruguay? ¿Qué cree que puede pasar en ese partido?

Ojalá hayamos ganado los dos primeros (se ríe). Si no ganamos los dos primeros, va a ser difícil. Va a ser una guerra porque España va a tratar de controlar y Uruguay tendrá que contrarrestar. Y Uruguay va a contrarrestar como sea. Ese “como sea” se puede transformar en algo muy bonito, con un equipo controlando y otro contragolpeando, o se puede transformar en algo muy duro.