CIUDAD DE MÉXICO, abril 20 (EL UNIVERSAL).- Con el simple hecho de volver a verlos juntos en la cancha, la tarde en el Estadio Banorte se convirtió en un capítulo inolvidable, lleno de nostalgia y con el fervor de una afición que jamás olvidó sus mejores años.
México y Brasil, dos naciones con una rica tradición futbolística, se dieron cita en un escenario que cuenta los días para recibir su tercera Copa del Mundo.
La fiesta terminó con triunfo para el Tricolor, que con el talento de Cuauhtémoc Blanco, Luis Hernández y Oribe Peralta se impusieron (3-2) a los pentacampeones comandado Ronaldinho, Kaká y Adriano.
Las emociones no tardaron en aparecer. Apenas transcurridos 15 minutos, Adriano abrió el marcador con la potencia que lo caracterizaba. El gol fue apenas el inicio de una jornada vibrante, pues al minuto 25 Luis Matador respondió con firmeza para emparejar el marcador.
Con el empate, ambos equipos generaron oportunidades claras, pero fue Kaká quien devolvió la ventaja a los brasileños al minuto 33 con una definición precisa. La alegría duró poco: justo antes del descanso, Oribe Peralta se elevó en el área y con un certero remate de cabeza volvió a igualar todo, dejando el partido abierto para la segunda mitad.
La segunda parte fue dominada por México, que supo aprovechar el desgaste físico de los sudamericanos para volcarse al ataque y llenar de balones el área rival. La insistencia del Tricolor encontró recompensa en los botines del Hermoso Peralta, quien firmó el tanto decisivo que selló el triunfo nacional.
En los últimos minutos del encuentro, México acarició la posibilidad de marcar el cuarto gol tras una jugada colectiva que levantó a la afición de sus asientos, pero no llegó.
A pesar de ello, el esfuerzo mostrado por los dirigidos por Miguel Herrera fue reconocido con una ovación cerrada, un aplauso que se convirtió en homenaje para las figuras que, más allá del resultado, regalaron entrega y revivieron la pasión de toda una generación.